Literaturally I

Hace unos días terminé de leer un libro llamado ‘La decadencia de los dragones’ y aunque es un poco corto, reúne los elementos claves que un gran idealista necesita para recordarle al mundo cómo la fantasía ha sido opacada por la contemporánea búsqueda de la verdad, cómo la imaginación ha sido desplazada por el razonamiento científico.

William Ospina, su autor, reúne un compendio de ensayos en donde crea su escenario cronológico que usa para desarrollar su desde-un-principio claro propósito.

Selecciona dentro de la historia a esos pilares que según él, brindaron a unas generaciones posteriores, las herramientas y la inspiración necesarias para seguir cultivando el virtuosismo literario. Desglosa a cada uno de lo héroes de su —como ya antes le comenté a alguien— liga de la justicia literaria; no con el fin biográfico de revelar su identidad, su historia o su vida, sino con el afán de describir cada uno de sus poderes y habilidades, la reacción que estos producían y la vigencia histórica con que siguen sosteniéndose gracias a esas antes mencionadas generaciones subsiguientes.

Resalta y venera las habilidades de Homero, Longo, Alighieri, Shakespeare, Cervantes, Chesterton, Baudelaire, Edgar Allan Poe y hasta el mismo Jesucristo, que inspirarían más adelante a Lewis Carroll, Voltaire, Wilde, Tolstoi, Dostoyevsky, Borges, Neruda y otros, en su oficio como escritores y genios innovadores del género literario.

Reconstruyendo a manera de historia los hechos de todos estos dragones, seres imaginados para la imaginación, logra en sus ensayos, inducir al lector a que por su propia cuenta analice la intersección entre la realidad y la fantasía (generadora de un propio universo mental), y la evolución que tuvo esta hasta nuestra actualidad escéptica, tiempo donde las matemáticas se mofan incómoda e ingeniosamente de la fantasía.

Ospina sueña con el retorno de la inocencia, porque para él, ella es la causa de que en el pasado pudieran producirse obras prodigias y la única que junto con la imaginación, pueden luchar para recrear ese universo que sigue en decadencia y construir un refugio para los que encuentran amarga la intransigente búsqueda de explicaciones filosóficas y científicas.

Mi opinión: aunque comparto con Ospina la idea de la decadencia literaria, no puedo evitar conservar mi punto de vista ‘escéptico’ frente a sus ideales. Varios movimientos en el transcurso de la historia tuvieron su período de existencia y en cada uno de ellos un propósito diferente imperó.

Si recordamos en el Neoclasicismo la ilustración llegó a pisar la poesía de la extensión renacentista llamada Barroco, pero también el Renacimiento llegó a pisar el teocentrismo de la época Medieval y lo reemplazó con un antropocentrismo. A lo que quiero llegar es a que un movimiento cultural nace en reacción u oposición del otro y así, el escepticismo actual podemos decir que nace después de nuestro más reciente Postvanguardismo.

Y como debe ser normal, cada período aunque dominante, no es absoluto y en el pasado, dentro de cada movimiento estaban estos nostálgicos o visionarios esperando o maquinando por uno nuevo y así, es como denomino en últimas a Ospina. Como un nostálgico intelectual literario que quiere resucitar y reunir las épocas de oro de la literatura.

No estoy en contra de sus sueños, pero creo por otra parte que estamos viviendo otro movimiento cultural propio del siglo XXI y que seguimos dentro de su trayectoria, en búsqueda del ávido conocimiento científico y tecnológico, tal cual, asemejándolo un poco, fue en su tiempo el Neoclasicismo.

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